Lo anterior me refiero al presupuesto autorizado al IFE cuyo monto “casi” alcanza los $ 4,800, 000,000.00 millones de pesos, autorizados, como usted recordara, antes de la devaluación del año de 1994 y cuya paridad con el dólar americano traíamos a razón de $ 2.80 pesos por dólar cuyo monto en moneda americana equivalía a $ 1.714, 285,710.00 dólares.
Sin duda, quienes acordaron semejante cifra analizaron meticulosamente los futuros gastos de campañas así como las principales tarifas de los medios de comunicación ( tv; radio, prensa, además de tantos otros gastos que se realizan en períodos de elecciones) multiplicando los porcentajes correspondientes a cada instituto político por el tiempo de campaña que estaba también por fijarse.
Así las cosas, todo marchaba como “miel sobre hojuelas” hasta que sucedió lo inesperado en el nuevo régimen del mismo partido, cuya acción creíamos desterrada desde los tiempos de los Aztecas, y sin embargo, volvió a aflorar ese canibalismo político que quebró a los grandes empresarios mexicanos que no tuvieron acceso a la información privilegiada, que otros (aquellos inmiscuidos en negocios oficiales) disfrutaron y siguen aprovechando hasta hoy en día.
De todas formas, “papá gobierno”, aunque nuevo y con mil problemas imprevistos por su decisión canibalista, no quiso abrir una rectificación mas, por encontrarse abrumado, ciertamente, sin embargo, se volvió cómplice del actual despilfarro económico en materia electoral que vivimos actualmente los mexicanos.
Lo anterior lo baso en que si devaluó el “neo-gobierno” de ese entonces, debió haber reducido en la misma proporción el presupuesto del IFE; es decir, siete veces su valor original, tomando como base el patrón dólar ya que nuestra moneda perdía su poder adquisitivo, debiendo haberse fijado el nuevo presupuesto en $ 244. 897,960.00 dólares o su equivalente de $ 2.448, 979,600.00 moneda nacional.
Hoy, que los mexicanos estamos “abochornados” del enorme dispendio electoral, cansados de lo ridículo de los “spots” televisivos y de darnos cuenta del enorme sobrante económico que ya no se sabe que inventar para justificar su gasto sentimos indispensable su ajuste aún a destiempo que continuar en el derroche.
Lo antes señalado, nos lleva a reflexionar una vez mas, que quien presidio los años 1994-2000 y su equipo de asesores económicos, no tuvieron conciencia, ni valor, ni ética, ni mucho menos, consideración al pueblo de México para gastar en exceso esos $ 213.729,127.27 dólares o $ 2.351, 020,400.00 de pesos que bien pudieron destinarse en obras de infraestructura, o para gasto social o en ultima opción, para incrementar las reservas del Banco de México y consolidar nuestra paridad cambiaria.
A 12 años de irreflexión económica, cabe preguntarnos si quien resulte triunfador de la justa presidencial mexicana, será capaz de proponer al Congreso de la Unión, ajustar el presupuesto del IFE (ahora que esta de moda consultar todo al Legislativo) o bien, convocar a todos los Presidentes de partidos y buscar su comprensión ante el Consejo General del Instituto, aunque esto, con mucha razón no lo hemos escuchado en las propuestas electorales pues sin duda, deberá hacerla el nuevo “Tlatoani” una vez con la banda presidencial cruzada en el pecho.