Todos los días leemos y vemos en los diferentes medios de comunicación, la cantidad de trapacerías políticas que se realizan por los encumbrados jefes o directores o secretarios de Estado, sin que el castigo llegue.
Ciertamente, corresponde a la instancia judicial el análisis de las faltas así como las sentencias sobre las mismas, sin embargo, una gran parte de mexicanos nos preguntamos el porque no se acelera la sanción o acción correctiva por parte de la autoridad ejecutiva.
Entendemos que el actual sistema democrático por el que han optado nuestros líderes, implica el respeto hacia los demás para que cada quien sea responsable de sus actos. Hasta allí se comprende, sin embargo, no podemos aceptar ni la lentitud ni la apatía como formas de gobierno tratándose de aplicar justicia porque, quien tolera demasiado, se convierte en cómplice.
Me refiero al caso concreto del ex director de Pemex quien supuestamente cuenta con poder amplio para tomar decisiones sin consultar al Consejo de Administración. Esto, sucede y se da con frecuencia en las empresas privadas, siempre y cuando los montos económicos y las repercusiones estén dentro de los límites razonables.
Pero a quien le puede parecer poca cosa o razonable, el decidir sobre montos de cerca de dos mil millones de pesos sin consultar? Por muy joven que sea el país, las leyes, los ordenamientos y las facultades tienen un límite; No puede gobernarse ni tomarse decisiones sobre semejantes cuantías, basados en una democracia extrema en la que nada ni nadie pueda oponerse o exigir cambios ante semejante libertad.
Democracia es sinónimo de igualdad, de libertad, solo que con eficiencia y competitividad, de ahí que las sociedades modernas exijan para sus habitantes este sistema a cambio de un desarrollo armónico, equilibrado y eficaz.
Desde la más humilde familia como en la más encumbrada, el respeto a los demás exige informar, tratándose de decisiones importantes, máxime cuando esta pueda beneficiar a terceros o bien, cuando la propia decisión genere dudas sobre la honorabilidad de quien se atribuye facultades de ese nivel.
Igualmente sospechosas las personas que rodean cercanamente a quien se atreve a justificar tamaño acto de autoridad debido a que no es creíble que no haya habido nadie con la integridad suficiente para hacerle notar al servidor público sobre el riesgo que estaba tomando. Y los integrantes del Consejo de Pemex?
De que sirve nuestro flamante Congreso Federal, si facultades como la que se dice tiene un Director, no ha sido revisada a fondo desde hace más de 70 años ni modificada de inmediato, misma que debió de ser comentada por los integrantes de las diversas comisiones legislativas ante el propio Jefe del Ejecutivo o bien, ante quien tenga a bien designar.
De aquí se desprende o el exceso de poder del Presidente que no permite el dialogo ni el análisis de quienes legislan con el, ni con el grupo de consejeros presidenciales que para eso están. Probablemente la falta de tiempo disponible del Jefe para analizar e intercambiar opiniones y sugerencias, reflexiones, explicaciones e intervenciones con sus allegados sobre las cuestiones de gran importancia nacional sea otro de tantos factores que propician estos resultados adversos.
Naturalmente si la línea de trabajo del Presidente se sigue manifestando, como hasta ahora lo han hecho los últimos tres (Fox, Zedillo y Salinas), de optar por andar en gira permanente los 365 días del año, dando como resultado que no se estudie y evalúen a fondo los cambios que en todos los ámbitos debieran realizarse, los resultados como el comentado seguirán surgiendo conforme avance el tiempo y se pongan al descubierto los excesos de atribuciones y el descaro de desafiar a nuestras leyes.
En cualquier orden de la vida económica, cualquier director de empresa o presidente de consejo o asamblea, debe contar con momentos de reposo, de proposiciones e intercambios de ideas con el objeto de mejorar lo establecido; esto es lo que llaman los norteamericanos “tormenta de ideas,” donde el pensar de varias personas se torna indispensable para la consecución de metas favorables y sobre todo, realizables en el menor tiempo posible.
Quizás el mal ejemplo de gobernar como errante, lo sentó por vez primera el Presidente Echeverría, a quien debo reconocerle su originalidad, más no sus excesos de gobernante itinerante. Probablemente ya reflejaba un sentimiento de culpabilidad sin confesarlo por haber girado aquella orden por la que vino a ser juzgado 35 años después y en su fuero interno, era su manera de borrarlo, haciendo méritos con su pueblo que lo había “elegido” además de mostrar su natural diferencia y distanciamiento con las viejas formas de gobernar desde Palacio Nacional.
A 37 años de distancia, que me toco vivir la época del sistema anterior en el que como ya señale, se gobernaba desde Palacio, sin duda, prefiero esta ultima por ser mas estable, menos riesgosa, más económica, menos demagógica, menos dependiente de los medios de comunicación, mas comprometida, menos saturada de imágenes, en fin, más apropiada a un país como el nuestro, que requiere que los gobiernos federales cuiden mas los recursos públicos, canalizándolos hacia obras de mayor impacto social en lugar de estar derrochándolos en espacios comunicativos y frivolidades todos los días, con un gasto enorme en el traslado de gente a cuantos eventos oficiales se organizan diariamente y una disminución de eficiencia, ya que la mayor parte de esos seudo asistentes, cobran en la nómina oficial de burócratas, ahora al servicio de cuanta reunión se realice dentro de “Los Pinoles”.
Para colmo, ahora utiliza el Estado Mayor de la Presidencia hasta a los diversos consejeros miembros de la iniciativa privada, para “acarrearlos” cual privilegiados y curiosos asistentes que suelen acompañar al Ejecutivo de comparsas en sus diversas reuniones cotidianas; las que por cierto, hay días en que son por lo menos tres diarias.
Muchos mexicanos consideramos que ya son tiempos de cambios, donde nuestro pueblo se de a conocer por su madurez, máxime que estamos dentro del tercer milenio de la era cristiana, razón por la que deseamos Presidentes fuertes, que hagan respetar su alta investidura, autónomos en sus decisiones, no supeditados a intereses gremiales ni sujetos a presiones externas, sino verdaderamente autenticas, de ser posible, más cercanas a nuestros países Ibero y Latinos, como fue el caso reciente en que se nos acerco el Presidente Brasileño (Lula da Silva) para firmar acuerdos y tratados que nos unan y solidaricen en investigación científica y económica, menos dependientes a la globalización que beneficia solo y en gran parte al país más poderoso económicamente del orbe.
Para ello, muchos mexicanos esperamos que se inicie por parte de esta administración presidencial, un mayor orden interno, con medidas estrictas y certeras, sin distingo de puestos o rangos, que sea, una verdadera aplicación de justicia, empezando por la depuración de los cuerpos judiciales, sancionando con retirar a los servidores públicos culpables de por vida, cancelando prestaciones y excesos de canonjías a nuestros legisladores; disminuyendo el número de ellos y sus dietas económicas; haciendo respetar la No Reelección dentro de los sindicatos, asociaciones civiles, comités, universidades públicas, ya que solo de esta manera, nuestro país estará acercándose a una etapa de prosperidad, orden y progreso. Ah! por cierto señor Presidente, no se vaya a dejar convencer respecto a que en nuestra incipiente democracia, es necesaria la reelección en cargos de diputados, alcaldes y regidores; nada más falso!
A continuación, cito a usted ejemplos sencillos que debería la autoridad del ejecutivo tomar para sí, ya sea enviando iniciativas para ser aprobadas al Congreso Federal o bien recomendaciones al Judicial, pero en todo caso, “entrarle al toro por los cuernos” y no escudarse atrás de la tan vilipendiada “democracia”: Enviando iniciativas de Ley para su estudio en la que Comisión Federal de Electricidad, prohíba tajantemente en adelante, realizar trabajos aéreos en cualquier lugar de la república, (para mejorar la imagen del país), para ello, es urgente que el Presidente sugiera que todo tendido de cables, en cualquier tipo de desarrollo, alto, medio o bajo, debiera ser subterráneo. Desde luego que esta medida afectara otras partidas presupuéstales, pero en cambio, el beneficio (por imagen) a la patria, estaría asegurado.
Hablando sobre la NO reelección, nuestro representante del Ejecutivo debería enviar una nueva iniciativa que prohíba, al cambio de todo sexenio, repitan en sus cargos los mismos colaboradores, como esta sucediendo en el caso del Infonavit, de Nafinsa, y muchos otros descentralizados. La razón, es que siempre toda renovación es más benéfica a “más de lo mismo”, además de romper vicios que se eternizan.
Cuando la elección Presidencial del 94’, nuevamente el “sentimiento de culpa” invadió a nuestras autoridades mismas que “aflojaron” casi todo, para que la oposición olvidara la elección del 88´, resultando la creación de un monstruo insaciable llamado IFE cuyo presupuesto aprobado fue cercano a los 5 mil millones de pesos ($ 500 millones de dólares), logrando así, apaciguar cualquier brote de inconformidad, mismo que debió haber contado con una cláusula de disminución presupuestal conforme avanzara nuestra democracia. Ese fue el precio por el “apaciguamiento” de nuestros políticos y con ello, asegurar varios sexenios “sin problemas”.
De la misma forma, se debieron haber cerrado salidas a las alianzas entre partidos, a los candidatos de “saltimbanqui”; se debieron haber previsto sanciones fuertes para los inconformes que alteraran el orden público; ídem para los que se manifestaran en la vía pública o causaran obscenidades en ella; en fin, que la tarea hoy en día, esta por rehacerse, la palabra, la tienen el Ejecutivo, El Legislativo y el Judicial.
Ciertamente esta es la tarea de nuestras autoridades, y no tanto la de realizar reuniones cotidianas, infructuosas que solo indican, como que se trabaja, pero la realidad es que sin mayores resultados, sin compromisos serios. Mucho más preferiríamos ver menos en la TV a nuestro Presidente o Legisladores y sentir los avances, sin tanta propaganda.
El verdadero funcionario público es aquel que acepta su compromiso de servir a los demás, convirtiéndose en un verdadero ente practico, que busque afrontar vicisitudes, problemas, contrariedades, molestias, inconvenientes, para beneficio social y para satisfacción personal, transformándose entonces, en un verdadero Estadista, justificando y devengando su sueldo con el beneplácito general de la sociedad a la que sirve.
Las personas que hemos rebasado el medio siglo de existencia podríamos aseverar sin cortapisas, que el avance económico, social y político en nuestro país ha sido enorme, aun cuando ha sido a un costo económico más elevado que el promedio de muchos países similares; sin embargo, mucho han tenido que ver en ello, ciudadanos empresarios y quizás en menor grado, los servidores públicos, aunque la tarea de estos últimos, es precisamente esa, la de estar mayormente obligados a servir, para eso devengan un salario de la nómina pública, de ahí que su deber, su compromiso es mayor y exclusivo para ello.
De no meterse en el “ojo del huracán” nuestro Presidente, además de exigir a sus colaboradores conductas intachables como la suya, nuestros servidores públicos, estarían siguiendo el “laisse fer, laisse passe” sin mayores problemas, pero eso si, disfrutando enormemente el honor de representar a la nación mexicana, moviéndose por todo el país, a todas horas, haciendo como que trabajan.
Que difícil es que el ser humano entienda y presienta cuando se deben hacer los cambios. Ese fue el caso de nuestro caudillo que entro en 1884 y salió en 1911; tristemente no comprendió los tiempos, de otra manera, nuestro suelo, habría estado lleno de monumentos con su imagen. Igual le sucedió al invicto de la revolución, hasta que un fanático vino a quitarle la vida y a enseñarles a los políticos que con la reelección no se debe jugar.
Nuestro profeta mexicano señalo en varias ocasiones, que después de 1929, debería generarse en nuestro país “una buena violencia creadora”, ya que, de no darse esta desde Los Pinos, tarde que temprano “le crecerán las piernas a los enanos” como esta sucediendo actualmente en muchos ámbitos gremiales.
Por ello, la historia universal debe ser leída y comprendida internamente por nuestros representantes populares, con el propósito de que se compenetren en las vicisitudes por las que tuvieron que pasar grandes personajes de talla mundial como Ghandi, Churchill, De Gaulle, Mac Arthur, Franco, Bolívar, Juárez, Díaz, y muchos más, cuyo sacrificio personal fue ejemplar, para bien, en el avance de los últimos años, a la humanidad.