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UN NUEVO ORDEN INTERNACIONAL

Por: Manuel Fernández Ávila






Apreciado lector, a pesar del tiempo transcurrido, el movimiento social de la Revolución Francesa, fue el eje rector de muchos países de América y de Europa; las semejanzas con la vida cotidiana de nuestro país siguieron reflejando acciones, métodos, personas y en general, su “modus operandi” similarmente al de aquellos años, razón por la cual escribo estos pasajes interesantísimos de personajes universales cuya forma de trabajo no dista mucho al de nuestros actuales políticos y su manera de actuar; Corresponde a cada lector, situar hechos y personas semejantes.

Como muchos sabemos, ésta es el primer movimiento social de Europa que marcó una nueva etapa mundial, al combatir el nuevo orden por llegar, a la Monarquía, (stablishment de entonces) que había detentado el poder en ese continente, por más de quinientos años, por ello, este pequeño relato para aquellos lectores que nunca se han interiorizado en esta etapa de la historia universal:

El Rey de Francia, Luis XVI, (1791) hombre gordo, llamado por sus guardias, Luis Capeto, se había aburrido de gobernar, razón por la que el pueblo de Francia a través de sus 750 miembros de la Segunda Asamblea Constitucional (aún respetuosa de su Majestad) entraron y tomaron a paso lento, La Casa Real y con ello, buscando establecer un nuevo régimen.

En las galerías de los enormes salones, se reunió un numeroso público del pueblo francés para observar el desempeño de sus representantes, provenientes de todos los Estados de Francia así como de diversas profesiones: abogados, filósofos, militares, sacerdotes, médicos, matemáticos, poetas, hasta aventureros.

La mañana del 12 de Septiembre de 1791, todos se habían mezclado en Francia, todo lo había transformado la revolución, estaba por llegar el tiempo de aclarar el caos.

La propia disposición de los asientos (aún costumbre) indicaba un primer ensayo de orden. Abajo estaban colocados los hombres tranquilos, los serenos, los cautos, conocidos como “el Marais” (el pantano) llamados así irónicamente a los que en todas las decisiones carecen de pasión, los que solamente reaccionan en grupo. (Comparen con nuestros representantes actuales).

Los turbulentos, los incipientes, radicales, tomaron asiento en las partes altas (en las montañas) casi tocando sus últimas filas con las galerías – el pueblo – como para señalar simbólicamente que tenían a sus espaldas, respaldándolos a la masa, al proletariado.( sigue igual).

Estos dos grupos sostuvieron verbalmente la balanza. Entre ellos se tambaleo, de tanto flujo y reflujo oratorio, el movimiento revolucionario.

Para “los de abajo” o moderados (girondinos) La República era ya perfecta con la nueva Constitución conquistada, es decir, con la aniquilación del Rey y de la nobleza, traspasando los derechos al Tercer Estado.

Los de “la montaña”, deseaban seguir empujando la ola hasta arrastrar todo lo existente del pasado, todo lo anticuado, todo lo viejo. (Acaso no lo deseaba así lo deseaba Amlo?)

En este grupo militaron Danton, Marat y Maximiliano De Robespierre, (fíjese apreciado lector como todavía daba importancia a su origen de nobleza de la ciudad de Arras al usar el -De-) Vergniaud, Desmoulins, son propuestos como jefes, mientras que en el otro partido, el más fuerte, “Los del Llano” o Girondinos, quienes representaban a las mayorías, eran los que tenían en sus manos los ministerios, los que influían en todos los nombramientos y los que se repartían prebendas.

En este último grupo militaban Condorcet, Roland, Servan, Herbert, Desmoulins, Daunon, quienes al llegar a La Asamblea a medir fuerzas, se enlistó un ex seminarista de la orden de Loyola, quien fuera inspector escolar y prefecto, semi- sacerdote, visitador de claustros, ( llegó a vestir el hábito de clérigo) maestro de Latín, matemáticas y física en las ciudades de Niort, Saumur, Vendome y París; me refiero a ese joven de entonces 32 años, callado, apartado de toda vida mundana, José Fouché, representante de la ciudad que lo vio nacer, Nantes.

Los ciudadanos de Nantes, no gustaban del radicalismo, alababan el progreso con precaución y tolerancia. Sobre todo, la mayoría de los pobladores de esa ciudad, solo deseaban mantener e incrementar su calidad de buenos negociantes, en otras palabras, era ciudad con vientos de derecha, enemigos del desorden y la gran mayoría estaba aún a favor del viejo régimen.

Corría el año de 1791, ya el movimiento social se había apoderado de los castillos del Rey, La Bastilla, Las Tullerías, ya no había Rey en Francia, solo un hombre gordo, ahora mandaban los 750 miembros de la Asamblea. (Será posible que lleguemos a ese estado?)

Debo señalar que en la juventud de De Robespiere, este asistía frecuentemente al círculo cultural de su ciudad llamado de los “Rosatis” donde los intelectuales se reunían en animadas tertulias de pequeños burgueses (militares, sacerdotes, paisanos en general) donde fue bien recibido el entonces profesor de religión José Fouché, mismo que intima con De Robespiere a través de su hermana Carlota, llegándose a murmurar un noviazgo serio entre ellos además de ser Fouché, quien presta unas monedas de oro a Maximiliano para pagar su viaje hacia Versalles y poder hacerse un traje nuevo al ser este propuesto como Delegado por su ciudad de Arras como Asambleísta y ponerse a trabajar sobre una nueva Constitución de Francia.

Es así como el destino que los unió, los enfrentaría partidariamente a muerte en los años por llegar. Si bien es cierto, que ambos presintieron una tempestad social en su país, intuyeron igualmente que la política dominaría en el mundo, y ambos en ella se lanzaron.

Fouché se enlista con los moderados y De Robespiere con los radicales o Jacobinos; llega el momento en que ambos se cruzan miradas decisivas, sabiendo que serían antagónicos, siendo el rompimiento, el último lazo de amistad entre ellos, hasta la muerte.

Desde el momento de inscripción a la Asamblea General, Robespiere se registra sin el emblema de nobleza, es decir, desaparece para siempre su -De- y con ello, busca que se olvide todo su pasado burgués, pensando tan solo en forjar un nuevo destino para su patria.

Orador nato, impenetrable por la fuerza; inquebrantable en sus decisiones, INCORRUPTIBLE; es el ícono del nuevo orden. (Con estas cualidades, no tenemos representante desde hace mucho tiempo); por ello es conocido en la historia como el campeón de la Democracia.

En cambio, Fouché, jamás pasa a la tribuna a debatir ni a hacer proposiciones, su insuficiencia de voz (así se excusa ante sus partidarios) le impide hablar en público.

La Asamblea se convierte en un torbellino donde afloran todas las pasiones; todos se quitan la palabra, las interrupciones y el griterío del pueblo es ensordecedor ( que le recuerda esto, apreciado lector?). En medio de este caos, destaca el silencio de una “aparente modestia”, fría, calculadora de Fouché.

Entre tanto la Asamblea avanza, el ex seminarista estudia a cada orador, observa y vacila antes de formular una opinión porque ve de esta forma como oscila la balanza. Su meta es no desgastarse demasiado por cualquier cosa, por nada sujetarse antes de tiempo, por nada, ligarse para siempre.

Recordemos que ese entonces eran tiempos en que no se sabía si la revolución avanzaría o retrocedería a su mismo status. Los gritos de “hosanna” y el de “crucifixión” se escuchaban con frecuencia. Todo el que asomaba la cabeza era reprendido por uno u otro partido, las cabezas caían en la guillotina, razón por la que Fouché cavilaba en que no debía de surgir precipitadamente a la luz; había que esperar al desgaste de los demás.

De esta manera le llego el momento a Fouché en que por primera vez intuye que una revolución nunca pertenece al que la inicia sino al último, al que culmina agarrándose de ella.

Aprende a agazaparse, se convierte taimadamente a vivir en la obscuridad, así, en vez de escandalizar en la tribuna y en periódicos, busca ser elegido en comisiones donde obtiene conocimientos de la situación buscando no ser observado ni mucho menos, odiado y señalado.

Desde su obscuro despacho observa cómo se hieren a muerte los grandes hombres como Vergniaud, Condorcet, Desmoulins, Danton, Robespiere y Marat. Aprende a esperar, solo empezara cuando llegue el momento de los prudentes; solo decidirá si participa cuando la batalla este ganada y entonces estará del lado del ganador.

Fouché fue hombre de un amor propio desmesurado, sin ansias de gloria, ambicioso, ciertamente solo que sin vanidad. Sabía que el cetro era del Rey; la Corona de Emperador era para ser llevada por otros; cedió con gusto el brillo y esa dicha, dudosa, de la popularidad. (Igualmente, tenemos algunos diputados esperando en cada legislatura, o no?)

La Asamblea sesionaba diariamente y con ella en ocasiones los Girondinos caían, en otras, los Jacobinos eran arrojados; en ocasiones el Directorio, El Consulado, el Imperio, el Reino, todos caían y volvían a surgir, quedando siempre este personaje de Fouché, gracias a su sutil retraimiento y a su audacia para preservar en la falta absoluta de toda vanidad.

Sin embargo, como todo en la vida, (no hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague), llega un día de la Revolución que NO admite vacilaciones; en el que cada representante tiene que dar su voto concreto; ese día, el de “SI” o “NO”; el 16 de Enero de 1793. Ya sabemos quienes votaron a favor de “la mort” del Rey. Sabemos por la historia que Fouché llevaba escrito sus argumentos para salvar la vida del monarca, y sin embargo al ver que las mayorías se inclinaron por la muerte, al pisar el pódium, ni siquiera saco el pergamino y de inmediato voto por “la mort”. En ese momento, todo cambió, Francia se hizo República, autónoma, bajo su propia responsabilidad, sin esconderse atrás de lo que dijesen o actuasen otras naciones. ( Así deberíamos actuar nosotros, Libremente!)

Así se formo la nueva nación Francesa, independiente, bajo sus propias reglas, sin tomar en cuenta el qué dirán otras naciones, así, con valor y nacionalismo, con el talento de su gente que representa los intereses de su pueblo y sociedad Así llegó el momento siglos después, en 1968 en el que nuevamente el pueblo y sociedad francesa realizan movimientos capaces de influir en todo el mundo, sin importar efectos, cambiando de nuevo el orden mundial. De esta manera, nosotros, (gobierno e intelectuales) nos ajustamos a ese nuevo orden, (por no mencionar que copiamos) a sus pasos y a mantener nuestra nueva integridad y orgullo mexicano.

Ciertamente nosotros tuvimos nuestros movimientos armados, nuestra independencia, nuestra revolución, nuestra post revolución, nuestra etapa moderna (1940-2010) y sin embargo, muchos mexicanos nos preguntamos si los cambios han sido los adecuados?

Recordemos, que ya para finalizar la década de los 80´, la nueva estrategia del gran presidente americano Ronald Reagan, hizo que cayera el muro de Berlín y con ello, otro nuevo ajuste mundial, no sin antes haber tenido movimientos internos en Alemania, del cual recogió el sentir popular para que esa barrera comunista dejara de afectar al pueblo teutón, que estuvo partido en dos corrientes sociales. Desde 1945.

Hoy en día, nuevamente nos llego el momento a los mexicanos de NO vacilar, de definirnos para saber quiénes somos y hacia dónde vamos. O estamos en la región Norte con E.U. y CANADA o “coqueteamos” con Centro, Sud América y El Caribe.

Lamentablemente, ya suscribimos un acuerdo con el Norte y ahora, debemos aprender a sacarle provecho además de aprender a vivir solos, esto es, bajo vuestras propias reglas, sin sujeciones comerciales, tratando de mejorar a nuestros connacionales y zafándonos de cuanto argumento internacionalista pretendan imponernos.



No importa que nuestro Congreso tenga “encontronazos”, lo importante es que los resultados sean favorables en delinear una estrategia propia en todos los ámbitos; que quienes envíen las iniciativas de Ley, estén maduros, con integridad nacional, agiles en la aprobación de propuestas favorables y con la conciencia clara de que lo que importa, antes que cualquier cosa, es la producción de riqueza en nuestro territorio nacional, la preservación de nuestro medio ambiente además de crear un perfil moderno en nuestras ciudades.

Ejemplo de lo anterior es el precio del azúcar. Hasta que finalmente se impusieron nuestros compatriotas, gracias a tantas manifestaciones de nuestros campesinos, presionando y…… no pasó nada. Enhorabuena! Así debe ser en todo de ahora en adelante.

De manera semejante, nuestros precios de CAFÉ, igualmente, no deben obedecer a nada del exterior, solamente a nuestras propias necesidades; esto es, deben fijarse los precios del campo antes de que inicie la cosecha, en los meses de Noviembre y a mas tardar Diciembre, a un precio razonable, que permita un buen nivel de vida a nuestros ejidatarios y pequeños propietarios para que sigan cultivando este grano aromático.

Lo establecido hace 70 años en que los precios se regían a través de la Bolsa de Café y Azúcar de Nueva York, ya es obsoleto, por ningún motivo debemos sujetarnos a esos esquemas económicos que tanto nos laceraron y subordinaron a los caprichos externos de los grandes industriales y “brókeres” americanos.

A “volar” con las trasnacionales, estas, que se ajusten (sus márgenes de ganancia se lo permiten) a los precios fijados por quienes manejan los destinos agrícolas de los Estados productores de nuestro México. En último extremo, es más sencillo y fácil que se pongan de acuerdo siete gobernadores y fijar el precio de la cereza así como de tantos otros productos agrícolas, que seguir manejando precios del extranjero, por debajo de su costo de producción, por temor de hacer enojar a la nación del Norte.

Acaso nuestros políticos no se han percatado de los nuevos tiempos en que estamos inmersos? Ha llegado el tiempo en que México establezca ese nuevo orden mundial en materia económica. Si nuestros políticos aún traen el atavismo del pasado, de preguntar si nuestros pasos no afectan a terceros, entonces, a cambiarlos, a darles cursos sobre la nueva Era en que estamos inmersos y en la que solo los aptos, los hábiles, inteligentes y valientes pueden sacarnos de nuestro atraso de siglos.

Para ello, requerimos personas capaces, con independencia de pensamiento, de acción, con amplio sentido social, bien nacidos, recapacitando en que México debe retomar el lugar perdido que tuvo en Iberoamérica, de haber sido el hermano ejemplar por exitoso y moderno, realista, innovador, de hombres y mujeres talentosas (los hay y muchos), ejemplares, comprometidos, como los tuvimos hasta la década de los años 70.

Ha llegado la hora de formar ciudadanos exitosos, útiles a nuestra nación; debemos decir no a la partidización; por ello, debemos cuidar que nuestros futuros funcionarios públicos no sean enviados al extranjero (especialmente a los E.U.); aquí se deben formar los nuevos legisladores, profesores y académicos, con un pensamiento social, económico y jurídico propio, nacionalista, a la mexicana, que sepan cómo encontrar el mayor provecho para la patria a través de una mentalidad autentica, sin desvíos e influencias externas.

Este tercer milenio cristiano nos está exigiendo independencia, máxime que en este año se cumplen 200 años de nuestra independencia y 100 años de nuestra revolución. Es el tiempo de nuestro verdadero cambio, de entrar a una etapa solos, sin recargarnos en otros modelos o autoridades extranjeras.

Estamos próximos a unas elecciones para gobernante y representantes populares, debemos hacerles notar a los candidatos, que un modelo propio, es la única salida viable y decorosa, libre de yugos y ataduras sociales y económicas, que nuestros adversarios están en el exterior por lo que no debemos rasgarnos las pocas perspectivas que nos quedan de sacudirnos, para “más de lo mismo”.

Para concluir, solo deseo repetir esa hermosa “plegaria laica” de nuestro ilustre luchador social, Don José Vasconcelos, con motivo de este año electoral: Señor; Santifica nuestra Ciencia; Fortifica nuestra Esperanza e Ilumina nuestra Conciencia.

Ah! Por cierto, no quiero dejar de señalarles, que el que más sobrevivió a la revolución francesa fue Fouche; llegó a hacerse el ministro de Seguridad de Napoleon I y manejo ese obscuro entramado de las redes policiacas, aun vigente. Le toco ver como caian y empujo a mucho de ellos a desaparecer para siempre! En fin, si les desperté la curiosidad de leer sobre esa revolución social, les recomiendo la historia de ella, por Stefan Sweig. Hasta pronto!


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