A LA COMUNIDAD CATOLICA DE XALAPA
Distinguidos amigos y profesos de la misma fé:
Por Manuel Fernández Ávila Xalapa, Veracruz, México. Cuando tuve el privilegio de servir a la comunidad Xalapeña, por ser a la que pertenezco por nacimiento, en los años 1986-1988, me di cuenta hasta entonces, de lo mucho que carecía mi ciudad y de lo sencillo que es resolver la mayor parte de carencias y necesidades tanto en colonias como en el centro histórico.
Para detectar las insuficiencias, basto que me pusiera al corriente recorriendo la mayor parte de mi ciudad, ya como Primera Autoridad Local, acompañado de muchos amigos que me hicieron el favor de respaldar en esa cruzada cívica así como de todas aquellas personas que me mostraban su preocupación - por cierto, muy justificada- ya que no habían sido escuchados o bien, los recursos municipales de otras administraciones, no habían podido ser canalizadas para resolver sus problemas sociales.
De esta forma fue que pude resolver un sin número de necesidades educativas en muchas escuelas y jardines del municipio, así como cambiar la imagen del centro histórico toda vez que en realidad, si es necesaria la participación directa de la presidencia para limpiar la imagen de tanto anuncio inservible, en ese entonces existente, aprovechando el momento para actualizar reglamentos que hasta hoy en día se viene haciendo atinadamente.
Naturalmente que quien más satisfecho quedo por el esfuerzo realizado por la comuna de entonces fue su presidente, o sea, su servidor, aunque ahora confieso que no fue total, debido a que una de mis iniciativas, después de haberla estudiado e invertido recursos municipales para convencer a muchas persona, organismos, colegios e instituciones, al final, en un momento de debilidad moral, falle, razón por la que escribo estas líneas para hacer reflexionar a la grey católica si me equivoque o simplemente mi espíritu creativo me orillo demasiado lejos a proyectar y querer construir algo que debe seguir intocable.
Debo aclarar primeramente que soy católico, no devoto; de la misma forma, señalo que tengo el defecto de tratar de ser “perfeccionista”, entendiendo por ello, el de hacer siempre las cosas bien hechas, con calidad, sabedor de que el éxito trabajando de esta forma, siempre se asegura.
Por esta manera de ser además de tener un gran amor por mi terruño, fue que me impuse la tarea de reunir fondos así como de recopilar autorizaciones en aquel entonces hasta obtener todo los requisitos para terminar de construir la segunda torre de nuestra catedral en vista de lo mal que habla de nuestra comunidad al ganarle a San Felipe “torres mochas”.


La historia, según algunos historiadores xalapeños, señalan que quien estuvo financiando la remodelación gótica fue el entonces gobernador Teodoro Dehesa, amigo muy cercano al obispo Joaquín Arcadio Pagaza, hasta antes del rompimiento que por motivos de la sucesión presidencial se da por encontrarse en grupos opuestos. De tal manera, que la fractura rompe la ayuda financiera, dejando hasta la fecha, las obras en su estado inconcluso.
Me avoque entonces, a utilizar la potestad que otorga la representación municipal, obteniendo así:
1.- Los estudios de mecánica de suelos, respaldados por el prestigioso internacionalista, Doctor en Mecánica de Suelos, Pablo Girault.
2.- Obtuve la autorización de la entonces Secretaría de Recursos Hidráulicos, firmada por el delegado Lic. Ricardo Gutiérrez Mendoza, dictaminando que no existe inconveniente al cimentar los trabajos.
3.- Del Director General del Centro SCT, Ing. Antonio Prado Palencia, quien dictaminó que la carga capaz de soportar la torre faltante podría ser hasta de 6 toneladas por metro cuadrado.
4.- Carta convenio del Coordinador del INAH, Arquitecto Juan José Ramírez Anaya otorgando su anuencia siempre que nos apeguemos a los lineamientos que señala.
5.- Carta del Comité Directivo de Arquitectos Revolucionarios, firmado por el Arquitecto Javier Miranda Macias, no oponiéndose a la edificación de la multicitada torre.
6.- Carta firmada por Monseñor Sergio Obeso Rivera, actual Obispo, otorgando su anuencia para levantar la torre proyectada.
7.- Finalmente de la Delegación Sedue apoyando el proyecto conjuntamente con el Grupo Pro Defensa del Patrimonio de Xalapa, Colegio de Arquitectos y Colegio de Ingenieros Civiles además de adhesiones de diversas fuerzas vivas de la ciudad.
Como podrán apreciar apreciados amigos y lectores, se reunió la documentación oficial indispensable además de una cantidad de $ 200.000,000.00 ( doscientos millones de pesos )hoy, equivalentes a $ 2.000,000.00 ( dos millones de pesos ). moneda actual, cantidad suficiente para cubrir los actuales costos de construcción, mismos que manejaba el patronato que integre ( privilegio municipal ) de personalidades locales como: Sra. Stella Chedraui, Arq. Roberto Casazza, Sra. Angelina Pérez Redondo, Don Manuel Martínez Gonzáles, Dr. Jesús López Domínguez, Ing. Santiago Mota Bolfeta, Lic. Fernando García Barna, Don Humberto Frutis Arguello, Don José Ramírez Rueda, Dra. Ernestina Quijano, Don Samuel López Chantres, Don Ausencia Marcelino Reyes y Lic. Ángel Peregrina.
Así las cosas, cuando íbamos a iniciar la construcción, fue cuando Monseñor Obeso me solicito que prefería que le diéramos el donativo para salvar al Seminario de su quiebra económica en que se encontraba.
Ante semejante petición, no me quedo alternativa que otorgarle el recurso a nuestro Obispo, previa anuencia de los donantes y del patronato, situación que se dio. Sin embargo, hasta la fecha, nuestra catedral luce poco decorosa, incompleta, poco lucida para efectos de imagen turística además de expresar un abandono de sus feligreses ante propios y extraños.
Hasta hoy, la culpa de no haber construido la torre, fue mía, no la comparto y ese malestar anímico aún me quita horas de sueño y lo que es peor, me siento culpable de no haber devuelto a mi preciosa ciudad ese halo de belleza e integridad que tanto requiere. Solo en mis momentos de aislamiento, reflexiono y siento el peso del pecado moral por no haber sabido responder a una petición clerical que ahora, 20 años después, debí haberme impuesto y señalar lo que algún dia dijo un compañero ex presidente municipal: “Lo del agua al agua”, aunque me hubiera acarreado una alta penitencia.
Por todo lo anterior, en lo personal, sigo pagando mi desliz, aunque por este medio me gustaría consultar a la opinión pública como a la católica, si el estado actual del bello inmueble debe seguir en su estado existente o modificarse para presumir nuestra Magna Casa Santa.
Inserto fotografía de una acuarela que me dibujo mi amigo, ese extraordinario arquitecto fuera de serie, actualmente considerado entre las dos “vacas sagradas de la arquitectura nacional” Guillermo Rivadeneyra Falcó (Orizabeño) para que ustedes apreciados lectores, puedan darse cuenta de cómo luciría nuestra Catedral con su nueva torre, un poco más baja que la original como símbolo de respeto a la primogenitura.
Por cierto, hablando de Rivadeneyra, considero que nuestras actuales autoridades municipales bien podrían otorgarle un reconocimiento por haber engalanado nuestra Capital con sus estupendas obras como: Torre Animas, Patio Muñoz, Edificio Colón, Bazar Enríquez, Conjunto Residencial Animas, además de haber sido primer director de Capfse a nivel nacional, haber traído a nuestra ciudad a los prestigiados arquitectos Aguayo y Mendoza, haber sido el joven que manejo el presupuesto nacional de construcción de escuelas en el periodo de don Adolfo Ruiz Cortines y quien realizo una enorme derrama económica en toda nuestra entidad federativa en el periodo 1952-1958 otorgándonos preferencia a Veracruz, además de haber obtenido un galardón internacional en la UNESCO por el desarrollo de su hasta ahora, extraordinaria e inmejorable, Aula Hidalgo.